viernes, 5 de noviembre de 2010

Milagros cotidianos


Los niños jugábamos a atrapar la luz, que se colaba por los agujerines de la contraventana. Gritábamos mientras nos empujábamos alborozados. La abuela amasaba el pan en la trébede y a lo lejos se oía al rebaño bajar por la cuesta, con los mastines ladrando a su alrededor. En ese momento, el abuelo nos llamó desde el corral. El ternerín estaba naciendo y al mirarnos con aquellos ojos tan tiernos, todos enmudecimos con el milagro. Al salir de la cuadra, el abuelo cogió la bota, que pasó de mano en mano. Cuando llegó a mí, miré a mi abuelo, bebí y sonreí… por fin me había hecho mayor...

3 comentarios:

Irma dijo...

Me recuerda cuando subíamos en verano al pueblín de mi mami en Omaña y tuve la suerte de compartir momentos parecidos y uffff que bien me lo pasaba y lo que disfrutaba en Villadepán.

Besines mi niña, Irma.-

Sara dijo...

Que recuerdos más bonitos me has traído Merche...cuando viví mi infancia entre Asturias y León con momentos muy parecidos al tuyo.
Un besín Leonesa, de una asturleonesa.
abrazotedecisivo

Merche dijo...

Me alegro que os traiga buenos recuerdos como a mi...
Besines para las dos ;)